Mi transición a la belleza crueltyfree


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¿Qué cómo ha sido mi transición al mundo de la cosmética y el maquillaje crueltyfree?

Pues la mejor manera de contarlo es empezar por el principio, como en la mayoría de historias.

Todo comienza un día en el que, leyendo artículos por internet, me encontré con uno en especial. Uno extremadamente gráfico, con imágenes, en el que se describían los horrores que tenían lugar a diario en muchísimos laboratorios del mundo. Los experimentos que sufrían cientos de criaturas inocentes, con el fin de probar cosméticos o maquillaje. Me pareció algo tan sumamente cruel, tan horrible, y me dio tantísima rabia… Recuerdo que incluso lloré, y mucho.

Fue un palo tan tremendo que hice “clic”. Decidí que nunca más iba a dar un solo céntimo de mi dinero a ninguna marca que, directa o indirectamente, llevara a cabo este tipo de prácticas. No iba a financiar tales aberraciones, ni iba a promocionar mínimamente a ninguna marca que no fuera crueltyfree. Y a partir de ahí, cambió mi vida.

Es cierto que ha sido complicado. Principalmente, debido a lo difícil que es encontrar información veraz sobre esta materia. Hay muchas medias verdades, hay muchas mentiras y hay mucha ignorancia. Pero al final, aprendes a investigar, aprendes a mirar en los lugares correctos, y vas eligiendo las marcas que merecen tu atención. Aprendes a descartar aquellas que, o bien sabes seguro que sus productos son testados en animales, o bien no puedes asegurar que no lo sean. Es decir, si no estoy segura de que una marca sea 100% libre de crueldad animal, directamente pasa a la lista negra.

Preguntar a las marcas, en muchas ocasiones, no ayuda para nada. Muchísimas aseguran que no experimentan sus productos en animales, e incluso que invierten mucho dinero en investigación para encontrar alternativas a dichos experimentos crueles. Pero, siempre te incluyen lo de “salvo que la legislación lo exija”. Y esa es la señal para salir corriendo. Seguramente, esa marca comercialice sus productos en China (uno de los principales indicios de que no es crueltyfree).

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Otras empresas se ampararán en que, según la legislación europea, no pueden comercializarse productos que hayan sido experimentados en animales. Sí, eso es cierto, a medias. Hay excepciones en dicha legislación que sí permiten testar. Y, además, tu no comprarás un producto testado en animales, pero sí que darás dinero a una empresa cuyos productos se testan en otras partes del mundo. Con lo cual, tampoco sería moralmente correcto.

Junto a estas, hay mil y una trampas que debes aprender a sortear. Al principio es muy costoso. Te equivocas muchas veces. Te fías demasiado y contrastas poco la información. Pero conforme va pasando el tiempo, vas haciéndote más experto y resulta muchísimo más fácil.

Tras muchas horas de estudio, de investigación, de dolores de cabeza, … Os puedo decir, con total seguridad, que es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Y la volvería a tomar una y mil veces. Gracias a esta forma de ser y de pensar, duermo cada noche con la conciencia tranquila. No cambiaría los ratos entre lágrimas, no cambiaría las horas en el ordenador volviéndome loca averiguando las practicas de alguna marca en concreto, no cambiaría las múltiples explicaciones que he tenido que dar a las personas que no entendían mi punto de vista… No cambiaría nada.

El que tiene que cambiar es el mundo. Y sí, una persona sola no hace nada, pero por suerte cada vez somos más. Y cada vez son más las marcas que respetan la naturaleza y todo lo que la compone. Y eso me hace muy feliz.

Esto no ha terminado, pero poco a poco, con nuestra lucha, estamos más cerca del final.

 

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